(08/05/2008)
Como otras muchas dietas, basa su presunta eficacia en el consumo de un
alimento específico, apelando a sus propiedades saludables. El “truco” no es que el alimento en sí mismo sea “mágico”, sino que la
ingesta, en este caso de la manzana, se acompaña de una disminución, en algunos
casos drástica, de otros alimentos que hacen que se convierta en una dieta
hipocalórica. Esta dieta no es restrictiva de forma absoluta, pero reduce casi al máximo
la ingesta de alimentos ricos en proteínas, e incluye diariamente y en casi
todas las tomas el consumo de manzana, en diversas presentaciones. Esta dieta, como otras muchas, se acompaña de diversos consejos que aparecen
como complementarios, pero que en realidad son parte básica de los estilos de
vida saludable, como es el consumo de fruta o verdura, la ingesta de agua
abundante durante el día, o dormir un número adecuado de horas al día, de
manera que el posible efecto beneficioso se atribuye al alimento
“protagonista”, en este caso la manzana. Sin embargo, al tratarse de dietas bastante restrictivas y en algunos casos
muy bajas en calorías, los promotores aconsejan en ocasiones que no se haga
deporte durante ellas. Esta es una recomendación completamente opuesta a lo que
debe realizarse para alcanzar un peso adecuado a cada persona, pues para
alcanzar este peso debe combinarse una alimentación equilibrada, tomando todos
los grupos de alimentos que incluyan los nutrientes básicos (proteínas,
hidratos de carbono, lípidos, vitaminas y minerales), con la práctica de
actividad física regular y deporte si es posible, para alcanzar un balance
energético adecuado. La prueba de que estas dietas “milagrosas” pueden tener riesgos para la
salud es ese tipo de recomendaciones que aconsejan limitar la actividad física.
Si cree que necesita adelgazar, no conviene hacerlo de forma brusca o rápida, y
sí con una alimentación equilibrada o una dieta supervisada por un profesional
sanitario y combinada con actividad física regular adaptada a las condiciones
de cada persona.