(03/03/2008)
La Dieta Disociada o separada de Hay tuvo su inicio entre los años 1900 y
1920. Aunque no es la "dieta milagro" más peligrosa, es la más
frecuentemente realizada en los últimos años.
Se basa en el fundamento de que los alimentos no contribuyen al aumento de peso
por sí mismos, sino al consumirse según determinadas combinaciones. Por esta
razón, no limita la ingestión de alimentos energéticos sino que pretenden
impedir su aprovechamiento como fuente de energía con la disociación durante la
digestión en el estómago.
Sostiene la teoría de que los hidratos de carbono no pueden ser consumidos
junto con las proteínas, ya que las proteínas se digieren en medio ácido y los
hidratos de carbono en medio alcalino. En principio, este tipo de consumo es
casi imposible, porque no existen alimentos que solamente contengan proteínas o
hidratos de carbono.
En esta dieta, se prohíbe el consumo de leche, frutas, casi todas las verduras,
pan, pasta, cereales, arroz, féculas, legumbres, azúcar, dulces, etc. Sólo se
pueden tomar carnes, pescados, huevos, embutidos, algunos quesos, café, e
incluso se permite la toma de grasas, aceites, vísceras, mariscos y en algunas
ocasiones alcohol.
Esta dieta carece de fundamento científico y los resultados obtenidos sólo
obedecen a un menor consumo de energía. Además, lleva fundamentalmente a una
pérdida progresiva de la motivación para ingerir alimentos, ya que cada día al
paciente sólo le está permitido la ingesta de un solo alimento, aunque en
cantidades elevadas.
Por el contrario, en una dieta equilibrada los hidratos de carbono deben
aportar entre el 50 y 60% de la energía total. Así, los cereales (pan, pasta,
arroz, etc.), especialmente los integrales, las patatas y las legumbres deben
constituir la base de su alimentación y representar un tercio de los alimentos
ingeridos diariamente.
La leche y los productos lácteos (queso, yogures, etc.) son una importante
fuente de proteínas de elevada calidad, lactosa, vitaminas y, principalmente,
de calcio, mineral fundamental para la formación de los huesos y dientes. Se
deben consumir de 2 a 4 raciones de lácteos al día, variando según la edad y
estado fisiológico (embarazo, lactancia, etc.).
Finalmente, se debe promover el consumo diario de frutas, verduras y hortalizas
hasta alcanzar, al menos, 400 g/día. Esto es, consumir, como mínimo, cinco
raciones al día de estos alimentos.