(03/03/2008)
La dieta Atkins es muy popular en todo el mundo. Hasta el punto que el
nombre del médico estadounidense que la inventó ha dado paso a una empresa que
factura cerca de 100 millones de euros anuales con libros que superan los 45
millones de copias. Promete bajar de peso pronto, permite comer lo que otras
muchas dietas prohíben y desecha los alimentos tildados de aburridos, como
verduras y leguminosas. El truco consiste en consumir grandes cantidades de
proteínas y un mínimo de carbohidratos para adelgazar.
La dieta Atkins se basa en un consumo casi exclusivo (90%) de proteínas
procedentes de carnes rojas, embutidos, quesos, huevos, mariscos, mantequillas,
margarinas, aceites, mayonesas, mantecas, cremas de leche o yogur entero, etc.
Se deja un mínimo espacio (10%) a hidratos de carbono extraídos de las verduras
y frutas, y quedan prohibidos alimentos tales como las pastas, harinas, arroz,
pan y bollería, legumbres, azúcar, bebidas alcohólicas y leche.
Atkins proscribió también las frutas y verduras ricas en fibra a quienes sigan
su dieta, puesto que la fibra impide la absorción de la grasa en el intestino.
Las verduras verdes, sostuvo el dietista, no deben exceder los 50 gramos por
comida.
Este tipo de dieta pertenece al grupo de dietas milagrosas llamadas
científicamente "dietas cetógenas". En ellas se retira absolutamente el
consumo de hidratos de carbono y se potencia el consumo de proteínas y grasas.
El consumo de hidratos de carbono es la principal fuente de energía del
organismo, es el primordial sustrato energético. Para Atkins la insulina es la
hormona responsable del aumento de peso. La ingestión de azúcar o de cualquier
hidrato de carbono hace que se estimule esta hormona, por lo que el azúcar es
el alimento más peligroso. Sin embargo si se consume grasa se estimula la
secreción de acetona, suprimiendo la sensación de hambre.
Cuando el organismo no dispone de este nutriente para obtener energía empieza a
quemar las grasas por una ruta metabólica muy particular, produciendo los
llamados cuerpos cetónicos, que se utilizarán como fuente energética a falta de
hidratos de carbono. El resultado es el aumento en sangre de cuerpos cetónicos
y sus productos de desecho, entre ellos la acetona.
Este tipo de dieta provoca la falta de apetito, halitosis o acetona en el
aliento, estreñimiento, aumento del colesterol sanguíneo, aumento de los
niveles de ácido úrico y, en algunas situaciones, riesgo cardiovascular por el
excesivo de consumo de grasas o sobrecarga del riñón por el exagerado consumo
de proteínas.
Por el contrario, en una dieta equilibrada los hidratos de carbono deben
aportar entre el 50 y 60% de la energía total. Así, los cereales (pan, pasta,
arroz, etc.), especialmente los integrales, las patatas y las legumbres deben
constituir la base de su alimentación y representar un tercio de los alimentos
ingeridos diariamente.