(16/01/2008)
Consiste en la extracción de una muestra de sangre de la persona obesa, a la
que se efectúan unos análisis de intolerancia o sensibilidad a un amplio grupo
de alimentos. Estos análisis se hacen de forma totalmente privada a un precio
que en España oscila en torno a los 600 euros. Según sus defensores, de esta
forma se determinan las sustancias que provocan en el organismo una reacción de
intolerancia, que definen como una alergia escondida que se manifiesta
lentamente, de forma que no se es consciente de ello, y que puede tener
consecuencias tales como dolores de cabeza, articulares, congestión nasal,
asma, y además de otras afecciones, obesidad provocada por alteraciones del
metabolismo. De esta forma, se supone que eliminando de la dieta los alimentos
que no son bien tolerados y no se metabolizan correctamente, se podrá elaborar
una dieta personalizada que favorezca la pérdida de peso.
Algunas de las objeciones que presenta la planificación de una dieta según esta
prueba vienen por la ausencia de evidencia científica de la misma, ya que no
existen estudios de investigación que demuestren su eficacia. Es decir, no se
fundamenta en ningún conocimiento aceptado por la comunidad científica, ya que
no existen referencias sobre ella. Otro problema viene dado por la exclusión de
alimentos que puede llegar a producirse si se confecciona una dieta basada en
el test de Alcat, de forma que pueden generarse desequilibrios en los
nutrientes básicos. Además pueden producirse problemas de obsesión sobre
determinados grupos de alimentos que se consideren "prohibidos" en
algunas personas. Aunque la realización del análisis en sí no tiene por qué
suponer ningún riesgo para la salud, este test juega en muchas ocasiones con la
necesidad acuciante de adelgazar que tienen muchas personas tras haberlo
intentado de otras formas. Si bien el test puede tener cierta utilidad para
conocer dichas intolerancias, no se considera en absoluto un método para
adelgazar, y no debería utilizarse con ese fin.
La pérdida de peso no depende únicamente de la restricción de alimentos basada
en factores concretos, sino que responde a una conducta global determinada por
la alimentación, el ejercicio físico y los estilos de vida saludables.