(08/05/2008)
Ya el nombre de esta dieta sugiere lo inadecuado de su contenido, pues busca
la pérdida inmediata de una cantidad baja de peso, sin tener en cuenta que el
peso corporal tiene unas oscilaciones diarias debidas a las funciones
fisiológicas normales. En cualquier caso, la pérdida de peso, si es realmente necesaria, debe ser
un hecho gradual y no brusco, buscando un balance energético adecuado entre
ingesta y consumo de calorías. Esta dieta propone durante dos días la supresión casi total de la ingesta,
permitiendo únicamente el consumo de muy pocos alimentos en una cantidad muy
baja, y asumiendo como productos básicos de la misma, líquidos como el té u
otras infusiones. Se trata de una aproximación al ayuno casi total, que es una forma
completamente inadecuada de abordar la pérdida de peso, y que si se consigue
vuelve a ser recuperado casi inmediatamente después, lo que supone además
riesgo de que las personas que la siguen puedan obsesionarse con la pérdida
rápida de peso y pretendan repetir esta dieta, provocando diversos
trastornos. En determinadas personas además puede revestir ciertos riesgos, puesto que
restringe de forma muy marcada el consumo de principios inmediatos. Es, por lo tanto, una dieta extremadamente hipocalórica, muy restrictiva, y
carente de los principios inmediatos necesarios, y por ello desaconsejable. El adelgazamiento no puede basarse en la supresión radical del consumo de
alimentos, y sí en el equilibrio entre los grupos de productos consumidos para
que aporten los nutrientes necesarios, y en la realización de una actividad
física regular.