En general, comemos mucho en términos de calorías, energía, demasiada grasa,
azúcar y sal y sin embargo nos movemos poco. Eso conlleva un incremento
constante y rápido del sobrepeso y la obesidad y es especialmente grave en
niños y adolescentes.
Desde el punto de vista científico ya es evidente que la alimentación
saludable, adecuada, placentera, equilibrada, variada y suficiente, acompañada
de la práctica habitual a de ejercicio físico son claves en la prevención,
alivio o tratamiento de muchas enfermedades crónicas como la obesidad,
diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares, algún tipo de cáncer,
artrosis, osteoporosis y algunas otras relacionadas con la salud mental.
Sin embargo no siempre se asocian ni potencian los beneficios de una
alimentación ajustada y correcta con el ejercicio de la actividad física. Es
habitual que por ejemplo, cuando se pretende bajar el peso, se adopten solo
cambios o medidas de hábitos ligados a la alimentación y su cantidad y menos a
incrementar la actividad física.
Llevar una vida físicamente activa produce numerosos beneficios, tanto físicos
como psicológicos para la salud. Hay relación entre la actividad física y la
esperanza de vida y está claro es que hacer ejercicio de forma regular y
"estar" en forma física, es decir ser un persona físicamente activa,
proporciona un evidente bienestar y sensación de salud, que se traduce en una
mejor calidad de vida. Por el contrario, lo que está demostrado es que el
sedentarismo supone un factor de riesgo para el desarrollo de numerosas
enfermedades crónicas.
También a veces se ha extendido la creencia de que sólo es posible mantener un
nivel de actividad física y de nutrición saludable en determinadas
circunstancias; nada más falso, los hábitos saludables deben mantenerse en
todos los momentos de la vida, en la infancia, en los mayores, y en cualquier
otra situación, adaptándolos a ella.
¡Hay que alimentarse de adecuada y moverse con frecuencia! Cada uno de nosotros
debe revisar sus hábitos y adoptar, de forma responsable y con el fin de cuidar
su salud, algún cambio en sus prioridades que le permita conseguir llevar un
estilo de vida con una alimentación sana y con más actividad física diaria.
¡¡COME SANO Y MUEVETE!!
La actividad física en la infancia y la adolescencia es fundamental para el desarrollo, y además, para la prevención de la obesidad.
Son períodos de crecimiento y desarrollo en los que aumentan los requerimientos de energía y nutrientes.
Es una situación fisiológica que conlleva una serie de cambios metabólicos y debe llevarse a cabo una alimentación saludable.